La república tecnológica y las nuevas infraestructuras de los sistemas de salud

20/07/2026

El contrato adjudicado por el NHS inglés a Palantir para desarrollar su Federated Data Platform ha generado una intensa controversia[1]. Para algunos representa una peligrosa privatización del corazón digital del sistema sanitario, para otros, constituye la única vía para construir un sistema capaz de gestionar millones de pacientes en tiempo real.

La plataforma federada de datos constituye una de las iniciativas de transformación digital más ambiciosas emprendidas por el NHS. Su objetivo es proporcionar una plataforma que permita conectar datos procedentes de hospitales, atención primaria, servicios comunitarios y otras fuentes, manteniendo su origen y su gobierno local. Esta arquitectura federada facilita que la información pueda compartirse de forma segura y estandarizada para apoyar la toma de decisiones clínicas y organizativas.

Las aplicaciones previstas en el ámbito asistencial incluyen la atención de pacientes con enfermedades complejas, la optimización de altas hospitalarias y la mejora de la continuidad entre niveles asistenciales. En el plano operativo, facilita la gestión de listas de espera, la programación quirúrgica, la utilización de camas hospitalarias y la planificación de recursos en tiempo real. Los NHS Trusts y los Integrated Care Boards están entre sus usuarios objetivo. Asimismo, la plataforma proporciona una base sólida para desplegar herramientas de inteligencia artificial y análisis predictivo orientadas a identificar riesgos, anticipar necesidades y mejorar la gestión poblacional.

La república tecnológica

La ejecución de esta iniciativa coincide con la publicación de The Technological Republic, escrito por Alexander Karp y Nicholas Zamiska, donde defienden que las democracias occidentales deben recuperar la capacidad de construir tecnología estratégica como instrumento de interés público[2]. Conviene no perder de vista que tanto Karp como Zamiska son propietarios y directivos de Palantir.

El libro ha sido resumido por los propios autores en 22 principios que permiten obtener una visión general de su planteamiento, en buena parte belicista y americanocéntrico. Dada la apuesta del NHS, es oportuno preguntarse qué ocurre cuando estos principios se aplican a los sistemas nacionales de salud como infraestructuras (tecnológicas) de Estado y qué riesgos conlleva.

Recuperar la capacidad de hacer

Uno de los mensajes más contundentes de The Technological Republic es que las instituciones públicas han ido perdiendo la capacidad de construir y ejecutar. Durante años, el énfasis se ha puesto en planificar, regular y contratar, mientras la ingeniería, el desarrollo tecnológico y la implementación han quedado en un segundo plano. En sanidad, esta tendencia se refleja en la proliferación de estrategias y planes que, con demasiada frecuencia, encuentran dificultades para traducirse en cambios reales en la práctica asistencial. El blairismo fue el cuño que se dio al constante cambio de planes en política sanitaria del gobierno laborista de Tony Blair.  

Recuperar la capacidad de hacer significa volver a situar la ejecución en el centro. Es necesario disponer de las capacidades tecnológicas, organizativas y profesionales que permitan convertir los planes en una realidad tangible. En la próxima década, la diferencia entre los sistemas sanitarios que lideren la transformación y los que queden rezagados dependerá menos de la calidad de sus diagnósticos que de su capacidad para hacer que las cosas sucedan.

Los datos son una infraestructura nacional

En la economía digital, los datos han adquirido el mismo carácter estratégico que tuvieron en su momento las carreteras, la red eléctrica o las telecomunicaciones. The Technological Republic sostiene que su valor no reside únicamente en el volumen de información disponible, sino en la capacidad para integrarla, gobernarla y utilizarla al servicio de una misión pública. Sin una infraestructura de datos sólida, interoperable y segura, la inteligencia artificial pierde gran parte de su potencial.

En el ámbito sanitario, esta idea adquiere una dimensión especialmente relevante. La atención integrada, la medicina personalizada, la gestión poblacional o la planificación basada en necesidades reales dependen de que la información pueda fluir entre organizaciones y profesionales sin barreras. El debate, por tanto, ya no es únicamente quién almacena los datos, sino quién es capaz de convertirlos en conocimiento y decisiones que mejoren la salud de la población. El caso del NHS y su plataforma federada de datos ilustra precisamente este cambio de paradigma. La infraestructura de datos deja de ser un proyecto tecnológico para convertirse en un activo estratégico del sistema sanitario.

La inteligencia artificial transforma las organizaciones

Con frecuencia se presenta la inteligencia artificial como una herramienta para automatizar tareas o aumentar la productividad individual. Sin embargo, The Technological Republic plantea una visión mucho más ambiciosa. La IA modifica la forma en que las organizaciones piensan, deciden y actúan. Su verdadero impacto se encuentra en rediseñar procesos completos y mejorar la capacidad de respuesta de las instituciones.

En sanidad, esto implica replantear los modelos asistenciales. La IA no debería limitarse a asistir al profesional en la consulta, sino facilitar una mejor coordinación entre niveles asistenciales, anticipar riesgos clínicos, optimizar el uso de los recursos y personalizar la atención. La transformación será organizativa antes que tecnológica.

La colaboración público-privada como ventaja estratégica

El desarrollo de capacidades tecnológicas de vanguardia difícilmente puede recaer exclusivamente en el sector público o en el privado. Los autores defienden que afrontar grandes misiones nacionales requiere una colaboración estrecha entre ambos ámbitos, basada en objetivos compartidos y una distribución clara de responsabilidades.

El debate generado por el contrato entre Palantir y el NHS refleja precisamente esta tensión. La cuestión fundamental es cómo garantizar que esa colaboración preserve el interés público. La clave reside en una gobernanza sólida, donde los datos, las decisiones estratégicas y la rendición de cuentas permanezcan bajo control de las instituciones sanitarias.

Liderazgo para gobernar la transformación

La tecnología, por sí sola, no transforma las organizaciones. Son las personas quienes definen el propósito, establecen las prioridades y asumen la responsabilidad de las decisiones. Uno de los mensajes centrales del libro es que las instituciones necesitan recuperar un liderazgo capaz de impulsar proyectos complejos, asumir riesgos y mantener una visión de largo plazo.

En el sector salud, este liderazgo adquiere una nueva dimensión. Será necesario gobernar ecosistemas digitales, establecer principios éticos para el uso de la inteligencia artificial y garantizar que la innovación se traduzca en mejores resultados para pacientes y profesionales. La gobernanza tecnológica pasará a formar parte inseparable de la gobernanza sanitaria.

La velocidad también es una política pública

Mientras los ciclos tradicionales de planificación sanitaria se miden en años, la evolución de la inteligencia artificial y de las tecnologías digitales se produce en cuestión de meses. The Technological Republic advierte que la velocidad ya no es únicamente una ventaja competitiva, sino una condición para mantener la capacidad de respuesta de las instituciones.

Para los sistemas sanitarios, esto exige adoptar modelos de innovación continua, capaces de experimentar, evaluar y escalar soluciones con rapidez sin renunciar a la seguridad ni a la equidad. La verdadera transformación dependerá de crear organizaciones que aprendan, se adapten y evolucionen al ritmo que exige el cambio tecnológico.

A modo de conclusión y una sorpresa de última hora

Durante décadas hemos pensado que reformar un sistema sanitario consistía en reorganizar hospitales, modificar estructuras o cambiar la financiación. The Technological Republic plantea la idea disruptiva que la verdadera capacidad del Estado reside en su infraestructura tecnológica. Si esa tesis es correcta, el futuro de los sistemas de salud dependerá menos de cuántos hospitales se construyan y más de si son capaces de gobernar datos, desplegar inteligencia artificial y convertir la tecnología en una capacidad pública al servicio de los ciudadanos.

El contrato del NHS con Palantir va más allá de una licitación tecnológica para convertirse en un anticipo del tipo de Estado que está emergiendo. Pero ¿debe el lobo cuidar de las ovejas? Andy Burnham, inminente Primer Ministro del Reino Unido, lo tiene claro. En sus planes para sanidad, el primer punto es acabar con el contrato de Palantir con el NHS por razones de privacidad y confianza pública[3]. Será interesante seguir de cerca sus primeros pasos como pastor en esta crónica de una muerte anunciada.


[1] Third of NHS hospitals signed up to Palantir software seem to not be using its apps. BMJ 2026; 394 https://www.bmj.com/content/394/bmj-2026-100294

[2] Karp AC, Zamiska NW. The technological republic: hard power, soft belief, and the future of the West. Random House; 2025 Feb 18. https://techrepublicbook.com/

[3] A seven point health plan for Prime Minister Burnham to restore public and professional trust. BMJ 2026; 394 https://www.bmj.com/content/394/bmj-2026-100319

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