Ramon Cunillera, pasión por la gestión sanitaria y por la vida

11/05/2026

Conocí a Ramon Cunillera (Barcelona, 1964 – Cabrils, 2026) hace más de treinta años, en el Hospital de Calella. Yo acababa de incorporarme como gerente del proyecto Blanes Calella y él dirigía el Centro de Atención Primaria (CAP) de Lloret. Apenas empezábamos el camino de lo que después sería la Corporació de Salut del Maresme i la Selva. Los dos rondábamos la treintena y compartíamos una misma manera de entender la profesión: compromiso, proximidad y ganas de construir y aprender. Nos entendimos enseguida. Entonces empezamos a trabajar juntos y, de una manera u otra, ya no dejamos nunca de hacerlo, hasta el pasado 6 de mayo, cuando falleció.

Cuando pienso en él, me viene a la cabeza una imagen casi inconfesable, pero absolutamente reveladora de quién era. En 2003, el día de mi despedida como gerente de la Corporación, aparece en una fotografía de aquella celebración disfrazado con unas enormes gafas amarillas de plástico, un pañuelo al cuello a juego, su inconfundible bigote y una sonrisa inmensa y, como siempre, vestido con corbata. Esa escena resume muy bien quién era Ramon: sentido del humor, autenticidad, capacidad de hacer equipo y una alegría vital que nunca abandonaba. Era una persona que sabía generar confianza desde el primer momento.

Pero Ramon era mucho más que un buen compañero. Era, sobre todo, un amigo con mayúsculas, con quien habíamos compartido éxitos y decepciones, alguna injusticia, muchas cervezas, conversaciones casi infinitas e incluso, junto a Núria y sus hijas, días de playa y navegación, una de sus últimas pasiones.

Ramon nació en Barcelona en 1964. Licenciado en Medicina y Cirugía y especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, complementó su formación con estudios en gestión sanitaria y en gestión de calidad de los servicios sanitarios. Esa doble mirada, clínica y gestora, le permitió construir un perfil sólido y quizá poco frecuente: el de alguien capaz de entender tanto las necesidades de los profesionales como la complejidad de las organizaciones.

Inició su trayectoria en la gestión sanitaria en 1993 como director de atención primaria y, posteriormente, director asistencial de la Corporació de Salut del Maresme i la Selva. También fue gerente de la Fundació Hospital de Mollet, director general del Consorci de Salut i Social de Catalunya y gerente del Consorci Sanitari del Maresme.

Desde 2023 ejercía como gerente de la Corporació de Salut del Maresme i la Selva, donde regresó y recuperó aquella visión y aquel entusiasmo por el proyecto que compartimos tres décadas atrás. En todos estos cargos impulsó las organizaciones y lideró a sus equipos y profesionales con sabiduría y acierto. Prueba de ello es que todos quienes hemos colaborado con él estos días nos sentimos profundamente tristes, pero también compartimos el recuerdo de haberlo hecho junto a un amigo y una gran persona.

A lo largo de su trayectoria destacó por su extraordinaria capacidad para crear consensos, acercar posiciones e impulsar espacios de diálogo, incluso en los contextos más complejos. Entendía la gestión sanitaria desde las personas: escuchando, acompañando y ayudando a crecer a los equipos. Esta manera de liderar, basada en la proximidad y el respeto, ha dejado una huella profunda en todos los profesionales que tuvimos la suerte de trabajar a su lado.

Desde 2020 presidía la Societat Catalana de Gestió Sanitària, sociedad científica adscrita a la Acadèmia de Ciències Mèdiques i de la Salut de Catalunya i Balears, que fundamos en 2010 junto a un pequeño grupo de compañeros y compañeras para reivindicar y acercar esta disciplina a los profesionales y al sector.

Con el lema La gestión importa, hemos defendido que detrás de una buena organización y de unos buenos profesionales también hacen falta buenos gestores para ofrecer la mejor atención y los mejores resultados a la ciudadanía. Ramon fue un defensor infatigable del valor de la buena gestión sanitaria, insistiendo siempre en su impacto real sobre el sistema y sobre la vida de las personas.

Hace apenas unos meses, en una de sus últimas intervenciones públicas, haciendo poesía de su discurso, pronunció unas palabras que hoy resuenan casi como un legado: “La gestión sanitaria no es solo un trabajo, sino una auténtica pasión”. Esa frase resume perfectamente su compromiso vital con la profesión.

La gestión obliga a convivir con certezas, pero sobre todo con incertidumbres. Y si algo le definía era también su manera de afrontar las dificultades. Tanto en la profesión como en la vida, nunca le vi instalado en el resentimiento ni en el desánimo. Siempre miraba hacia adelante. Y lo hacía con una serenidad y un optimismo admirables.

Ramon afrontó los últimos meses con una resistencia admirable hasta el último momento. Nos deja, más allá de los cargos y de los méritos profesionales, a una persona profundamente humana, generosa, amiga y cercana. Un hombre que entendía que gestionar es, ante todo, cuidar de las personas y de los equipos, pero también compartir, reír y vivir intensamente. Porque Ramon era eso: un apasionado de la gestión sanitaria, sí, pero sobre todo un apasionado de la vida.

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