La Responsabilidad Social Corporativa: ¿ética o cosmética?

07/06/2021

La RSC, acrónimo de Responsabilidad Social Corporativa, se refiere a las actividades empresariales orientadas a generar un impacto positivo más allá del estrictamente asociado al consumo del producto o servicio que se pone en el mercado. En este sentido, hace ya tiempo que la RSC se ha convertido en una verdadera necesidad en la vida de las organizaciones.

La RSC promueve relaciones de calidad entre las personas

Algunas voces, sin embargo, se muestran recelosas a la hora de reconocerlo porque, siguiendo un juego de palabras, argumentan que la RSC responde más a una (cosm)ética que a una ética. Es decir, responde más a un modo de aparecer volcado hacia lo externo ―la palabra cosmética lleva consigo la idea de ornamento y de buena apariencia― que a un modo de ser, basado en determinados valores y más enfocado hacia lo interno.

La ética se pregunta por el modo de ser de las cosas, va al fondo de la cuestión y no se queda en las apariencias. Por eso, las voces críticas con la RSC temen que las organizaciones la entiendan como un asunto de marketing y buena imagen, de reputación incluso, y no como lo que realmente es: la apuesta por unos valores y el desarrollo de buenas prácticas.

La RSC es un modo de ser, de actuar de acuerdo a determinados valores

Sin duda, algunas organizaciones hacen un mal uso del concepto de responsabilidad social, pero eso no quita lo que decíamos al principio de que la RSC es, sobre todo hoy, una necesidad real y tangible para las organizaciones. Y lo es por una razón evidente: detrás de todas y cada una de las organizaciones hay personas, y la RSC es, en esencia, una apuesta por la calidad de las relaciones entre las personas. Por este motivo no funciona cuando es cosmética o mera apariencia.

La RSC es imprescindible, especialmente, en las organizaciones sanitarias y biosanitarias, y más en tiempos de pandemia cuando la intersubjetividad e interdependencia se han hecho más necesarias.

Una empresa responsable incrementa los beneficios de sus accionistas…

En un famoso artículo de 1970, Milton Friedman, el que llegara a ser Premio Nobel de Economía seis años más tarde, sostuvo que “la responsabilidad social de la empresa es incrementar sus beneficios”. Esta frase da pie a la principal crítica que se esgrime contra la importancia de la responsabilidad social corporativa y es, de hecho, una de las piedras de toque de la ética de la empresa. Es el recelo que acabamos de reseñar, sobre todo ahora, cuando a la dura crisis sanitaria se le suma ya otra de carácter económico, que a su vez agrava los efectos todavía no superados de la anterior crisis económica. ¿Qué podemos decir al respecto? Por lo pronto tres cosas.

La RSC va de personas y de generar espacios de confianza

En primer lugar, el paralelismo entre la ética/economía de empresa y la bioética/acción biosanitaria es, en algunos aspectos, directo. Por ejemplo, en ambos casos es el profesional biomédico/empresario el que ponderan éticamente las acciones que emprenden, de manera que los que estamos fuera de ese ámbito de acción –por ejemplo, los filósofos– podemos dar la sensación de que hablamos de oídas y no desde la experiencia del día a día. Y en parte es verdad: ese riesgo de teorización existe, pero somos conscientes de ello.

Aunque es cierto que hablamos desde la idea y no desde la práctica, nuestra finalidad no es prescribir ni, mucho menos, aleccionar, sino describir perspectivas, a veces más plausibles y otras menos, según la casuística, y aportar elementos de reflexión y de juicio. En este sentido, hay que insistir en que lo fundamental es poner el foco en la persona y no en la organización: detrás de toda organización hay personas, sin personas no hay ni organizaciones, ni economía ni beneficios que repartir. Por eso, las personas deben estar en el centro de las organizaciones. Y si no lo están, la RSC es imposible.

…y la felicidad de los empleados contribuye a que la empresa funcione mejor

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que uno de los elementos relacionales fundamentales para afrontar cualquier asunto es la generación de espacios de confianza, también el ámbito profesional, y más si éste tiene que ver con la función y vocación biosanitaria. Hablamos de un elemento práctico que toca el corazón de la vida real. La confianza, como toda palabra dada, es performativa: se la afirma actuando, y se la valida manteniéndola. En un circuito virtuoso, a mayor confianza dada, mayor confianza recibida.

La RSC no se expresa en memorias (cosmética) sino en el comportamiento de la empresa y de sus empleados (ética)

Si se construye confianza, por ejemplo haciendo todo el esfuerzo posible para mantener la seguridad y continuidad laborales, y colaborando en la generación de un buen clima relacional y profesional, luego resulta más fácil pedir una mayor implicación laboral por parte de todo el grupo. Sin confianza no hay organización, sobre todo cuando el viento no sopla a favor.

Y en tercer lugar, la RSC que promueve esa confianza, yendo más allá de la mera relación económica, acaba repercutiendo positivamente en la propia organización, no solo en la calidad de la empresa, sino también en su fortaleza institucional. Dicho de otra forma, es más fácil que la organización prospere si los trabajadores sienten que están en un medio que los respeta, los valora, los incentiva y donde las relaciones son vivas, transversales, francas, constructivas y basadas en la mutua confianza y aceptación como principal motor.

Invertir en RSC es invertir en el futuro de la organización

No debería tratarse solamente de utilidad, ciertamente, pero incluso desde una visión estrictamente utilitarista, la RSC puede ser una necesidad imprescindible para la vida de la organización. Una organización feliz es una organización que funciona mejor. Y una organización es feliz si sus trabajadores lo son en todas sus áreas.

En definitiva, pues, la cosmética puede ser atractiva, sin duda, pero la ética es lo que de verdad da forma a la vida de una organización, a su identidad y marca el camino de su prosperidad. Al fin y al cabo, como sucede con todo en la vida, tarde o temprano los ropajes caen y sale a relucir la verdad de las cosas.

Si la RSC es acción (y no sólo comunicación) los empleados responden y la organización funciona mejor

Una RSC integrada de forma real y auténtica en la dinámica de la vida de una organización es una de las mejores inversiones que se pueden hacer: da forma a su ser y a su estar, y eso aporta seguridad y sentido. Sobre todo ―reiteramos una vez más―, cuando hablamos de organizaciones biosanitarias, donde son las personas y su cuidado constituyen el origen, el fin y la razón de ser de su vocación y de su acción profesionales.

Foto de David Travis

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