Liderar o cómo aplicar la ética a la gestión de personas

16/05/2022

La pandemia que estamos viviendo, y que en el sector sanitario ha tenido momentos especialmente duros y complicados, ha puesto de manifiesto algunos elementos básicos que se habían olvidado o que no se tenían suficientemente presentes en el quehacer diario. De hecho, un posible título alternativo a este artículo sería “Return to basics”: vuelta a lo básico, a lo fundamental, a lo esencial. ¿Se acuerdan de eso de “trabajadores esenciales”? Los gestores sanitarios se ocupan, precisamente, de esas personas que se consideran esenciales.

La esencia de las organizaciones humanas

¿Para quién son esenciales los trabajadores sanitarios? Para todos, para cualquiera que se acerque a un centro sanitario o de salud en busca de una buena prestación de servicio. Nos referimos, obviamente, a usuarios y clientes, pero también a quienes los atienden, a los mismos trabajadores sanitarios, a todos ellos. En el fondo, si se piensa con calma, estamos hablando de personas, unos y otros: todos aquellos que cruzan las puertas de un centro de salud. Por lo tanto, el asunto primordial en la gestión sanitaria reside en tratar a esas personas y la ética alcanza a todas ellas. Ahora bien,  ¿de qué ética estamos hablando? La respuesta pasa por intentar formular de forma sencilla algo muy complejo, es casi la cuadratura del círculo porque “¡cada uno tiene su ética!”. ¿O no? Lo cierto es que de ética suele hablarse más bien poco, a menos que haya un caso manifiesto de corrupción o se dé alguna situación dilemática. Entonces sí que se apela a la ética. Lo habitual es hablar de valores que, socialmente, parecen el sustituto más recurrente de la ética: la ausencia de valores por aquí, la falta de valores por allá… es una temática que aparece de vez en cuando en las conversaciones que mantenemos con las personas que nos rodean en un día cualquiera. Sin embargo, sobre los valores podríamos hacernos una pregunta similar: “¿Qué son los valores”, “¿De qué valores hablamos?” Insistimos, pues, “¿Qué es la ética?”

Aplicar la ética es asumir que las personas son la esencia de las organizaciones. Y actuar en consecuencia

Una guia para actuar lo mejor posible aquí y ahora

La ética es una orientación, una guía para nuestro quehacer diario, para la práctica profesional. Aquello que nos sugiere una manera de hacer, de obrar, de llevar a cabo la praxis profesional. No hay que olvidar que la ética se mueve en parámetros de libertad: nadie nos obliga a ser o a tener comportamientos éticos. La ética no es de obligado cumplimiento, para eso ya están la ley y el ordenamiento jurídico. De acuerdo, pero, “¿qué se entiende por ética?” Es aquello que nos empuja a llevar de la mejor manera posible los asuntos que tenemos entre manos, siempre en búsqueda de la excelencia (no sirve eso de “ir tirando” o “es lo que hay”) en un contexto dado, esto es, en unas circunstancias determinadas y, eso ya lo saben ustedes de sobra, hay tantas circunstancias como personas, equipos y colectivos. El contexto es muy diverso y amplio. El desafío está en aunar el texto –la persona profesional– con su contexto personal, social, familiar, de trabajo… ¡Casi nada! La labor de la gestión es ingente. Ahí está el reto. Permítaseme una aclaración: si usted que está leyendo este texto es responsable de personas o de equipos, da respuesta y toma decisiones concretas que afectan a las personas bajo su responsabilidad, ha de empezar a cambiar (si no lo ha hecho ya) el uso de “gestión” por “liderazgo”. Las cosas y los proyectos se gestionan, se administran; las personas, en cambio, se lideran.

Las cosas y los proyectos se gestionan; las personas se lideran

En consecuencia, la innovación en este campo consiste en abordar los liderazgos que requieren las personas, las organizaciones e instituciones dentro de los contextos de las mismas, pero esto ya nos llevaría a otro artículo.

Innovar desde la ética es facilitar el trabajo a los profesionales

Volvamos, pues, a los básicos, a los esenciales… al meollo, al core, al centro del asunto o como ustedes prefieran. Lo realmente innovador es poner el foco de la gestión – ¿los liderazgos? – en las personas, es decir, en los equipos y si me apuran en los stakeholders, que son todos aquellos que, de manera directa o indirecta, están en relación con el centro sanitario. “¿Y eso cómo se hace?” se preguntarán, porque la ética tiene que ver, también, con el cómo. Sería muy arriesgado por nuestra parte decirles cómo deben hacer las cosas puesto que desconocemos su “texto” y su “contexto”. A diferencia de ustedes, no pisamos el terreno concreto de su realidad diaria pero les animamos a que revisen cómo se hacen las cosas en su casa: cómo son los protocolos, los procedimientos, los procesos y valorar si éstos facilitan o no el trabajo de los profesionales. A menudo, los sistemas y los procedimientos encorsetan a los profesionales y les impiden desarrollar su potencial o, dicho en bonito, impiden que los profesionales que realmente quieran puedan liberar su talento.

¡Fuera los corsés que impiden liberar el talento de nuestars organizaciones!

Además de los temas gordos, la ética también está presente en los pequeños detalles de cada día: la ética se mueve en el detalle de un día cualquiera.

Cómo aplicar la ética al liderazgo de personas

Disculparán nuestro atrevimiento –ya saben que la ignorancia es atrevida– por sugerir tres cómos, tres maneras de hacer tan básicas como difíciles de llevar a la práctica y que, a nuestro entender, son acervo común de organizaciones y personas.

  1. Cuidando. Es tiempo de cuidados: sí, sí, hay que cuidar a la gente. Tratar bien a los demás –con amabilidad, educación y equidad– es sin duda condición necesaria pero, ¿es también suficiente? La ética está, también, en el trato, en la manera, en el modo de dirigirnos a los demás… ¿en los modales? ¡Que levante la mano a quien le guste que le traten mal! Las formas son la antesala de lo realmente importante (el fondo): no las perdamos, ¿no les parece?
  2. Escuchando. La gente necesita ser escuchada. Hay que prestar atención, “parar l’orella”, dedicar tiempo a escuchar atentamente, atender, acompañar… ¿tenemos ese tiempo? Si no es así, hay que encontrarlo. En una era como la actual que es multicanal –online y offline– ¿disponemos de tiempo para el “cara a cara”? ¿Pillamos al vuelo espacios y lugares informales, aunque sea por un momento, para escuchar lo que el otro tiene que decirnos? La escucha atenta, hoy, es un must.
  3. Impactando. El quehacer cotidiano ha de tener un horizonte social desde lo público, privado o mixto. Ha de contemplar el impacto que tiene en nuestro entorno más inmediato hasta llegar a la sociedad.

El desafío ético empieza en uno mismo

Y, todo ello, teniendo en cuenta que lo más próximo somos nosotros mismos. Así pues, aplicando los tres cómos que acabamos de enumerar, en primer lugar debemos cuidarnos: ¿se cuidan ustedes? ¿cómo? O, lo que viene a ser lo mismo, ¿cómo se cultivan ustedes? En segundo lugar, ¿cuándo fue la última vez que se escucharon a sí mismos? Que es tanto como decir cuándo fue la última vez que se reunieron consigo mismos. Y en tercer y último lugar, ¿han pensado, con calma, que para su entorno más inmediato son influencers? ¿lo son realmente? ¿cómo influye su propio trabajo en el entorno de su centro sanitario o de salud? Cada día tienen ante ustedes un reto tan complicado como magnífico: tratar con personas y tratarlas bien (las de su equipo u organización, los usuarios, los clientes, los proveedores…) ¿Quieren innovar en este ámbito? Fortalezcan los básicos, lo humano: cuidarse para cuidar y cuidar para mejorar a la sociedad. Poca broma. Es mucho lo que se lleva entre manos gestionando personas. Y, ya para finalizar, dos breves apuntes: la ética, como parte de la filosofía, es más de plantear preguntas que respuestas (en este caso, han sido catorce preguntas) y, por otro lado, en ética siempre se está aprendiendo. Ahí lo dejamos. ¡Salud!


Foto de Markus Spiske

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