Hablemos de gestión: el sector cultural

13/10/2021

Explorar el mundo de la gestión en otros sectores es una fuente de inspiración y de aprendizaje cruzado. Desde hace cinco años, la Sociedad Catalana de Gestión Sanitaria organiza las sesiones «Hablemos de gestión», donde personalidades de otros sectores nos cuentan en primera persona los retos de gestión actuales. Carles Capdevila, Fernando Trias de Bes, Miquel Roca i Junyent, Antón Costas, Víctor Lapuente, Mònica Terribas, Mercè Conesa y Antoni Bassas han sido invitados a estas sesiones y nos han ofrecido sus visiones del periodismo, los medios de comunicación, la economía, el derecho, la política, la logística y la emprendeduría.

El pasado 1 de octubre, el invitado fue Abel Folk (Montesquiu, 1959), actor de teatro, cine y televisión, doblador, director y productor. El sector cultural, que pasa por un momento difícil debido a las medidas tomadas para combatir la pandemia, comparte ciertas similitudes con el sector salud. Folk hizo un repaso de su carrera profesional y de la evolución de la industria cultural, y nos dejó reflexiones de calado.

Interesar y no aburrir

Este es el leitmotiv con el que inició la conversación, subrayando que no cree en la suerte pero sí en las casualidades. De hecho, su trayectoria profesional es la concatenación de un conjunto de suertes que le han ido abriendo la puerta a nuevos mundos y que han determinado su carrera como actor, director y productor.

Comenzó por azar como sustituto en la obra «Los palomos» de Alfonso Paso donde descubrió su vocación de actor. En 1977, debutó bajo la dirección de Lluís Pasqual y junto con Nuria Espert, sustituyendo a Gabriel Renom, en el desaparecido Teatro de Barcelona. Dio el paso a la televisión sustituyendo a Juanjo Puigcorbé, actuando a menudo en Estudio 1. El paso siguiente fue el cine, donde ha participado en más de cien películas. Tradujo y adaptó «A walk in the Woods» de Lee Blessing, que la compañía de Josep Maria Flotats representó en el Poliorama, donde descubrió el placer de tener una idea, pensar que es posible y hacerla realidad. También ha sido director y productor teatral, probablemente los roles más cercanos a la gestión.

Según Folk, los actores son artesanos y los directores son más artistas. La mayor parte del éxito al formar equipos de trabajo recae en elegir bien a las personas. Reconoce que parte del oficio es la inspiración y el talento, pero todo depende del trabajo y el esfuerzo. Cuando se encara a un nuevo reto, los primeros pensamientos son que no lo sabrá hacer, pero a continuación no para de trabajar hasta que lo consigue.

Construir sobre lo que otros han construido

La política cultural, la aparición de nuevos formatos y canales, y en los últimos dos años la pandemia, han trastornado el mundo de la cultura. La descripción que nos ofreció de la situación actual es la consecuencia de una serie de hechos muy arraigados en nuestra cultura y en políticas poco estratégicas.

En primer lugar, hay poca tendencia a agradecer el trabajo realizado y homenajear a los antecesores. Los países donde la estructura cultural es importante se basan en la tradición. Aquí se quiere hacer todo de nuevo y este es uno de los grandes déficits del sector cultural, la escasa capacidad de generar tradición con la cultura no folclórica.

Los incentivos que introducen ciertas políticas culturales también son perversos. Por ejemplo, financiar producciones sin criterios de calidad, como se ha hecho en tiempos recientes, lleva a producir espectáculos de poco valor.

A nivel sectorial, la sobreprotección de la política cultural y la dependencia de un solo cliente conlleva fragilidad de la industria cultural si el cliente flaquea. La obsesión por satisfacer el consumo interno tampoco ha ayudado a crear nuevos mercados y ha reforzado la necesidad de ayudas.

Necesitamos cultura e información sana

La solución a los problemas por los que atraviesa la industria cultura pasa por generar espacios de producción, redes de distribución y abrirse a nuevos públicos. Hay que combinar la inversión pública con la iniciativa privada. Hay que educar desde pequeños el placer de crear y consumir cultura, como se hace en otros países. La cultura es el alimento del espíritu. Para tener un espíritu sano se necesita este alimento. Como decía Joan Margarit, una democracia inculta y mal informada no es una democracia sana.

Comparteix:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.