El futuro de los comités de ética asistencial

06/09/2021

Complejidad, aceleración e incertidumbre son los tres conceptos que describen el mundo sanitario actual. En estos tiempos altamente complejos, inciertos y acelerados hay que detenerse y pensar y, precisamente, es en este momento de pausa cuando entra en juego la bioética.

El mundo sanitario está marcado por tres grandes cambios: el enorme desarrollo biomédico y tecnocientífico, la transformación de las instituciones sanitarias, y el cambio en la relación entre los profesionales sanitarios y las personas atendidas, entre los propios profesionales (trabajo en equipos pluri y multidisciplinares) y entre éstos y las instituciones que los emplean. Todo ello, asociado a cambios sociales profundos, tanto en estructura como en valores, que se han producido en poco tiempo -décadas-; este ritmo rápido del cambio continúa vigente: «la medicina ha cambiado más en 25 años que en 25 siglos» como muy bien decía Diego Gracia.

La bioética es la calma necesaria para conducirnos en medio de la vorágine

La bioética nació precisamente para ayudar a gestionar esta complejidad, como puente entre el desarrollo científico y las humanidades, pero sobre todo como «espacio para parar y pensar», pensar tanto en los objetivos y las finalidades de lo que hacemos como en los medios y formas de realizarlo.

Con la pandemia hemos constatado lo que siempre ha defendido la bioética: no hay decisiones técnicas, porque toda decisión lleva implícitos unos valores. Por ello, para tomar decisiones de calidad en el contexto sanitario resulta imprescindible identificar los valores que hay detrás de las decisiones, y explicitarlos para poder deliberar y decidir mejor.

No hay decisiones técnicas: siempre decidimos en función de los hechos y de los valores

De hecho, en los últimos años se han multiplicado las opciones entre las que podemos elegir respecto del cuidado de nuestra salud, lo que evidencia la necesidad de ser mucho más conscientes de los valores asociados. Es por ello que la bioética gana protagonismo: porque puede ayudar a los profesionales y las organizaciones a reconocer los valores y los conflictos de valor, un aspecto imprescindible para realizar una atención sanitaria de calidad.

Los grandes desconocidos de los centros sanitarios

La bioética es una disciplina bastante joven. Tiene unos 50 años de historia, pero en este periodo ha desarrollado un cuerpo académico-teórico sólido y amplio, y una metodología basada en la deliberación y en el diálogo. Además, se ha incorporado de manera generalizada en las instituciones sanitarias en forma de Comités de Ética Asistencial (CEA).

A pesar del desarrollo vertiginoso de la disciplina, parece haber una brecha entre la bioética académica o de papel y la ética palpable en la práctica asistencial y en las actuaciones de las instituciones sanitarias.

Los CEAs deben tener un papel primordial en identificar y dar respuesta a esta brecha, pero siguen siendo, en cierto modo, los grandes desconocidos de los centros sanitarios.

La bioética se encuentra «lost in translation», perdida en la traducción de la teoría a la práctica: los CEA deben llenar esta brecha

Se definen como un grupo multidisciplinar de personas que ha recibido oficialmente la misión de aconsejar a los profesionales sanitarios en sus decisiones sobre las cuestiones éticas planteadas en el curso de su práctica clínica. Dentro de sus funciones está el análisis de casos, apoyar a los profesionales y las personas atendidas en decisiones complejas, promover acciones para mejorar aspectos éticos de las instituciones, y proporcionar formación ética a los miembros del CEA y al resto de profesionales del centro.

Los CEAs se basan en el método deliberativo y el juicio basado en la prudencia. Francesc Abel, precursor del primer comité de ética de nuestro entorno, en el Hospital Materno-Infantil San Juan de Dios de Esplugues, comentaba las características imprescindibles para el debate bioético: diálogo interdisciplinario como metodología de trabajo, razonabilidad de los argumentos y precaución en la utilización del criterio de autoridad, convicción de que los nuevos problemas planteados requieren nuevas respuestas y provisionalidad de las respuestas, que tendrá que revisarse/repensarse periódicamente.

Els 4 reptes dels Comitès d’Ètica Assistencial per al futur immediat

Los CEAs tienen atribuidas un conjunto de funciones que cada vez serán más primordiales en una atención sanitaria compleja, acelerada e incierta, y han desarrollado un método para darles respuesta, pero su futuro irá ligado al desarrollo de algunos puntos clave que, sin voluntad de exhaustividad, serían:

  • Hacerse visibles
  • Actuar proactivamente
  • Institucionalizarse
  • Velar por la adecuada formación de los profesionales

1. Visibilizarse en el seno de las instituciones sanitarias, para lo cual los miembros de los CEAs deben:

  • Ejercer el rol de consultor referente en casos difíciles. El primer paso, en este sentido, es que desarrollen acciones de sensibilización a profesionales, personas atendidas y directivos para que todos ellos sean capaces de reconocer cuando las decisiones van más allá de lo puramente técnico.
  • Ser accesibles. Facilitar las consultas y dar una respuesta en un tiempo adecuado, debiéndose plantear modelos para lograrlo, como por ejemplo los modelos mixtos de consultor-comité, que ayudan a acercarse «al pie de la cama».
  • Ser efectivos. Establecer un buen retorno a los casos deliberados, no sólo a los profesionales que han intervenido sino también al resto de profesionales.

2. Actuar proactivamente y comunicar efectivamente su actuación en el conjunto de la organización. Más allá de esperar la llegada de casos, los miembros del comité deberían detectar los conflictos éticos que se dan en su empresa y elaborar un mapa de conflictos éticos, o promover la realización de guías, recomendaciones éticas, manual de buenas prácticas… que respondan a las necesidades detectadas en el seno de la organización donde trabajan.

3. Integrarse en la estructura de la organización, institucionalizarse, en cierto modo. Los CEAs han sobrevivido con elevadas dosis de voluntariedad por parte de profesionales muy motivados. Esta función, sin embargo, debe estar debidamente formalizada (carrera profesional, objetivos …), su cumplimiento debe someterse a evaluación interna, y sus miembros tienen que tejer redes con otros organismos de la propia organización, así como con otros comités de ética.

4. Garantizar la formación adecuada de los profesionales. Se está produciendo un relevo generacional, con la jubilación de muchos de los referentes en bioética, que han liderado la creación y el desarrollo de los comités de nuestro país. Hay que garantizar este relevo velando por la formación de los profesionales, pero no sólo de aquellos que se impliquen en los comités, sino que hay que promover la formación en bioética del conjunto de profesionales de la organización.

Salir de la urna

La gestión de la complejidad exige espacios para «parar y pensar», exige incorporar criterios éticos en nuestra práctica profesional y en las decisiones asociadas. Por ello, los CEAs son una pieza clave en el camino hacia una atención personal y personalizada. Para lograrlo, sin embargo, es necesario que sus miembros rompan las paredes de cristal de la urna desde la que a menudo trabajan, aislados de su entorno, y se abran a las organizaciones donde se ubican que, a su vez, deben integrarse de forma visible y efectiva para que puedan llevar a cabo la tarea que tienen formalmente encomendada.

En definitiva, los miembros de los CEAs deben superar la fase de observar y ser observados, y pasar a la fase de interactuar y trabajar conjuntamente con los no-miembros.


Referencias

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