Perder el rumbo profesional

24/11/2025

A las consultas de medicina de familia llegan todas las semanas personas que han perdido el rumbo. Son arrastradas por enfermedades crónicas, catástrofes vitales de todo tipo y malestar emocional intenso. A veces lloran por fuera y les tendemos un pañuelo de papel, en otras lo hacen por dentro y lo notamos en el gesto. Cada vez es más difícil atender la enfermedad particular cuando lo que está enfermo es lo social[1], proponer opciones personales cuando la raíz del problema es laboral, familiar o existencial.

El hecho de atender cada día más personas desnortadas inevitablemente me invita a reflexionar sobre la profesión en general. ¿Estaré también desnortado, lo estaremos? Y la respuesta no es sencilla dada la circunstancia histórica que habitamos caracterizada por el ruido de fondo, la aceleración[2] y la hiperestimulación. Si hacemos un diagnóstico de la salud mental de nuestra sociedad analizando cualquier periódico o telediario seguramente no sea muy propicio.

Durante siglos el rumbo de la profesión médica lo ha marcado la lucha por la salud de las personas. En las diferentes culturas y tradiciones era la ética basada en valores la que dictaba las pautas de actuación y aportaba el marco de referencia en el que poder ejercer la medicina.

Las profesiones sanitarias viven hoy tiempos revueltos con mucho ruido de fondo tanto en las enormes organizaciones que constituyen los servicios públicos y privados donde trabajan, como en las políticas sanitarias que tratan de ordenar un sector cada vez más complejo. Son comunes los conflictos entre trabajadores y organización y entre trabajadores de distintas categorías entre sí. Hay una mayoría que piensa que está sobrecargada en su trabajo y otros tantos padecen síntomas de cansancio o de burnout.

La tormenta es monumental en una coyuntura macroeconómica con un horizonte de disminución del estado de bienestar europeo por un lado y un aumento de la incertidumbre en todos los ámbitos de la vida. Por eso la pregunta sobre el rumbo profesional es preceptiva, con calma chicha uno quizá se pueda permitir el lujo de despistarse, pero con mala mar si te pierdes te hundes.[3]

¿Cómo nos orientamos profesionalmente?

Responderé siguiendo el símil de la navegación, con posicionamiento y mapas; sabiendo dónde estamos y dónde queremos ir. Para posicionarnos en un barco hace falta saber la longitud y la latitud que en el ámbito profesional podrían ser las condiciones laborales, la competencia y habilidad profesional y el estado emocional. Y para tener rumbo es preciso tener un destino claro según nuestros valores[4] en una carta náutica.

Los mapas profesionales tienen tres capas. Una de norma obligatoria que marcan los códigos de deontología de los Colegios profesionales y guías de bioética. La segunda la formarían la literatura científica, guías clínicas y aportes de sociedades científicas, incluyendo la excelencia inspiratoria que forman nuestros referentes y mentores (pasados y presentes). Y por último una capa de reflexión crítica que facilitan nuestros compañeros y colegas de equipo por un lado y los pacientes y sus valores por otro.

Durante mucho tiempo el objetivo a alcanzar era la salud de pacientes y comunidades.[5] Una salud definida por la OMS como un estado de bienestar que se ha mercantilizado en el sentido de considerar cualquier tipo de malestar como patología a corregir. La progresiva medicalización de la vida ordinaria es un ejemplo de lo que esta corriente está produciendo. Ya no tenemos agobio ante los exámenes, tenemos ansiedad, no tenemos pesar tras perder a alguien querido, estamos deprimidos, no es que el niño sea movido es que es hiperactivo, y así sucesivamente. Cada vez toleramos menos el malestar físico, psicológico, emocional de cualquier dimensión y en consecuencia acudimos más al sistema sanitario para cualquier cuestión que lo produzca. La ciudadanía acude en masa al sistema sanitario con sus malestares exigiendo diagnósticos y tratamientos para que desaparezcan al instante. Este hecho junto con el aumento de la edad y la complejidad de las situaciones hacen que la carga asistencial sea ascendente para unas plantillas que o bien se mantienen a duras penas o van disminuyendo con el mayor número de jubilaciones en clara progresión.

Por otro lado, cada vez es más patente el conflicto entre el interés del paciente y el del propio profesional cuando éste toma conciencia de que quizá su insomnio, malestar emocional, agobio y cansancio pueda ser secundario a una sobrecarga laboral mantenida que supera su capacidad competencial. Los residentes jóvenes cada vez toleran peor las estresantes guardias, pero también los adjuntos se dan cuenta de que quizá no sea justo ser los únicos profesionales del hospital que tienen que trabajar tres turnos seguidos tal y como obliga el estatuto marco.

Esto no es nuevo, la estadística nos dice que los médicos tenemos tasas de adicciones, enfermedad mental y suicidio muy altas. Durante mucho tiempo se justificaba por el papel que la vocación tiene o debería tener, por el sacrificio que lleva implícito la profesión. Pero parece que enfrentamos una tormenta perfecta y las costuras están saltando. Hace pocos años fuimos testigos de grandes movilizaciones[6] en la calle de médicos de familia agobiados y extenuados tras el esfuerzo que supuso la pandemia.

Ahora vemos de nuevo manifestaciones en contra de una reforma del Estatuto Marco que se percibe insuficiente y continuista. Veremos más protestas.

Tenemos pues tormenta y mala mar, revisemos si mantenemos rumbo. Empecemos por verificar nuestra latitud y longitud profesional. Las competencias y habilidades profesionales se mantienen y solemos sentirnos cómodos con ellas dada la estabilidad competencial que nos da poseer una formación sólida y una formación continuada muy exigente. Es verdad que aún no hemos sabido responder al reto de la Inteligencia Artificial y esto añade incertidumbre a la profesión, pero esta faceta no nos parece preocupante.

Las condiciones de desempeño profesional son claramente uno de los determinantes que nos posicionan mal profesionalmente hasta el punto de animar a muchos a cambiar de destino. Cambiar de país o salir de la sanidad pública a otras posibilidades son opciones cada vez más elegidas.

Por último, el estado emocional nos indica cómo nos sentimos con nuestro ejercicio profesional en este momento. Este barómetro nunca ha indicado tanta presión.

Si concluimos pues que nuestra posición profesional es tan delicada queda clara la prioridad de delimitar un rumbo adecuado que nos permita llegar a destino sin perecer en ruta. Porque el desgaste de nuestras organizaciones es manifiesto y el de la marinería no digamos.

Revisemos pues cómo están nuestros mojados mapas profesionales, sacándolos al aire y quitándoles el polvo. Decíamos que de las tres capas de los mapas médicos la que sirve de marco normativo es la deontología y la bioética[7] que conforman las líneas maestras teóricas del ejercicio y que se mantienen en el tiempo con pocas modificaciones. Son pautas que ponen muy alto la excelencia y que atienden poco al beneficio o bienestar del profesional. Se supone que los Colegios de Médicos y las comisiones de bioética son los garantes del este nivel, pero en la práctica quizá no jueguen un papel con la relevancia debida. Al final estos códigos suelen terminar olvidados en algún anaquel de nuestra biblioteca y no los visitamos con frecuencia.

La segunda capa incluye todos los marcos científicos que la literatura, guías y sociedades científicas nos aportan, así como la inspiración de mentores y maestros. Esta nos resulta más práctica que la anterior por cuanto aporta cursos de acción reproducibles y rutas profesionales con el poder de inspirarnos y animarnos. El problema que tenemos con los referentes actuales es que la sociedad y las redes sociales visibilizan unos perfiles que destacan en popularidad, riqueza, prestigio y quizá no tanto en valores éticos o profesionales. Afortunadamente todos solemos tener nuestros faros profesionales[8] y es esa luz de inspiración la que nos orienta en mitad de la noche. A mis estudiantes y residentes trato siempre de animarlos a que descubran los suyos porque sé de buena tinta que les serán imprescindibles en su navegación.

La última capa del mapa es la más cercana a nosotros en el tiempo y en el espacio. Es la capa de reflexión crítica práctica que nos facilita el contacto con los colegas de nuestro equipo profesional y con los pacientes que atendemos. La práctica de la medicina es un trabajo en equipo multidisciplinar. Nuestros colegas son imprescindibles para que no nos perdamos y no solo para que podamos ejercer con excelencia. Esta reflexión[9] va más allá de compartir dudas o casos clínicos, implicando el diálogo sobre valores o la discusión de situaciones desde un prisma biopsicosocial que incluya la dimensión de valores que nos abre una puerta donde la filosofía y las humanidades pueden venir en nuestra ayuda. Nombrar valores[10] es complejo en circunstancias profesionales que no facilitan incluirlos en la conversación, pero son otro faro de luz potente a la hora de orientarnos en entornos complejos como el nuestro. Las comisiones de bioética y la literatura que incluya esta faceta pueden ayudarnos en esta línea, pero será la conversación con nuestros compañeros la que termine sirviéndonos de ayuda a la hora de orientarnos.

A esta conversación es preciso invitar los valores de nuestros pacientes y comunidades. Reflexionar en lo que es importante para ellos, lo que consideran fundamental, y que quizá difiera de los nuestros.

Rescatar el rumbo profesional es tarea de todos. Mientras más perdidos estemos como colectivo, más fácil será que nos perdamos individualmente. Por eso es importante aportar desde lo personal a lo general, cada uno en su equipo, apoyados por la luz de nuestros referentes, mentores, grupos, asociaciones profesionales y científicas, Colegios de Médicos…

Creo firmemente que las profesiones del mundo de la salud son fundamentales para la sociedad y pueden ejercerse desde la excelencia sin que dañen o destruyan a sus profesionales. Por otro lado, veo el dolor y sufrimiento que también pueden causar. Por eso es importante cuestionarnos el rumbo profesional y en la medida que podamos aportar luz para otros. Me resulta doloroso ver como muchos residentes de familia se plantean dejar la especialidad para irse a urgencias o a medicina estética. Por eso veo esencial no quedarnos fijados al lado oscuro de la queja y rescatar el sentido y las viejas cartas de navegación para poder configurar las nuestras con los mejores mimbres.

Convivir en consulta con personas que han perdido temporalmente su rumbo vital es para mí un privilegio. En la oscuridad de su vivencia los animo a elevar la vista al cielo sabiendo que si miran bien encontrarán el norte de la mano de una pequeña estrella. Yo también me lo aplico en mis noches oscuras. Por eso comparto y abro esta reflexión, como hicieron tantos antes de nosotros: es posible dejar de dar vueltas y avanzar en la noche sin perderse. Cuando lo conseguimos podemos dar la mano a los que caminan con nosotros. Tal vez la salida a la crisis de nuestro sistema sanitario y nuestra sociedad vaya por ahí.


Referencias

[1] Han BC. (2024). La sociedad del cansancio. Herder.

[2] Rosa H. (2016). Alienación y aceleración. Editorial Katz.

[3] Casado S. (2025). Ceguera moral y algoritmos morales. Boletín Iatros, octubre 2025. https://humedicas.com/boletin-iatros-octubre-2025-2/

[4] Casado Buendía S. (2025). Una aproximación a los valores en la práctica clínica desde la perspectiva del profesional asistencial. Folia Humanística, 5(2), 72–91. https://doi.org/10.30860/0126

[5] Varela J. (2025). De vulnerables a poderosos: La apasionante lucha de la humanidad por la salud y la vida. Lectio Ediciones.

[6] Casado S. (2022, diciembre 19). Atención Primaria hundida. Blog Doctor Casado. https://doctorcasado.blogspot.com/2022/12/atencion-primaria-hundida-primary-care.html

[7] Gracia D. (2025). El animal deliberante: Teoría y práctica de la deliberación moral. Editorial Triacastela.

[8] Camps V. (2025). La sociedad de la desconfianza. Arpa Editores.

[9] Borrell F. (2014). Reflexión en la práctica clínica. Revista Clínica Española, 214(4), 188-193. https://doi.org/10.1016/j.rce.2013.12.016

[10] Casado S. (2025, marzo). Comunicación y valores en salud. Blog Doctor Casado.https://doctorcasado.blogspot.com/2025/03/comunicacion-y-valores-en-salud.html

Foto de Boba Jovanovic

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